"...es mayor el tiempo que debo agradar a los de abajo que a los de aquí. Allí reposaré para siempre. Tú, si te parece bien, desdeña los honores de los dioses." Antígona, Sófocles.



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lunes, 9 de mayo de 2011

PRIMER CONGRESO

HISTORIA Y ESKHATOLOGÍA

“CONSECUENCIAS TEOLÓGICAS DE LA FILOSOFÍA DE LA HISTORIA”

Verbi enim Dei inanis est forinsecus praedicator qui nos est intus auditor. (San Agustín, Serm., 179, 1.)

27 Y 28 DE OCTUBRE DE 2011

La Facultad de Humanidades y el Departamento Superior de Filosofía de la Universidad Católica de La Plata tienen el agrado de invitarlo al Primer Congreso de Historia y Eskhatología, en el que se considerará el tema “Consecuencias teológicas de la Filosofía de la Historia”.

La temática propuesta presupone que la moderna Filosofía de la Historia continúa dependiendo de la teología cristiana de la historia y de su visión eskhatológica dirigida hacia su cumplimiento futuro, a través del Juicio y de la Salvación. Sólo considerando una meta futura, cristiana o secular, es posible interpretar los acontecimientos y el acaecer históricos, como unificados “hacia” y “en” su significado último.

En el Congreso se propicia la presentación de trabajos tanto en sede epistemológica, que consoliden el horizonte teórico de encuadre del estudio, cuanto de carácter especial (histórico, literario, filológico, lingüístico, artístico).

En este sentido, se aspira a incluir la perspectiva clásica greco-latina y los distintos momentos de su despliegue histórico; así, por ejemplo, la relación del cristianismo primitivo con aquella tradición clásica (cultos mistéricos, platonismo y neoplatonismos, así como la insoslayable instancia gnóstica).

Animamos, entonces, a reflexionar sobre la apremiante relación entre tiempo y eternidad.

Queda claro, por ello que esta perspectiva está abierta a los múltiples paralelos que se pueden trazar en el medioevo y la modernidad, entendida ésta en sentido lato, hasta nuestros días.

Los libros de referencia para la visión de conjunto podrán ser Alfredo Sáenz, El fin de los tiempos y siete autores modernos (Dostoievski, Solovief, Benson, Thibon, Pieper, Castellani, Hugo Wast), Bs.As., Gladius, 20084; Ennio Innocenti, La gnosi spuria, Roma, Sacra Fraternitas Aurigarum Urbis, 2007; Ennio Inocente, Il senso teologico della storia. Breve commento all’Apocalisse, Roma, Sacra Fraternitas Aurigarum Urbis, 2009; Alberto Caturelli, El hombre y la historia, Zapan, Folia Universitaria, 2005.

Así como Henri – Irénée Marrou en su Teología de la Historia (Madrid, Rialp, 1978) ofrece un marco de reflexión aún actual y también José Luis Illanes Maestre (Historia y sentido. Estudios de Teología de la historia, Madrid, Rialp, 1995) pueden resultar textos de referencia para la concepción cristológica y su diálogo con una modernidad marcada por el ateísmo.

El mencionado Congreso se realizará en la sede de la Facultad de Humanidades de la Universidad Católica de La Plata, sita en la Calle 58 nª 925 (e/ 13 y 14), del 27 al 28 de octubre del corriente año.

Las propuestas de títulos se recibirán hasta el 12 de agosto; a ésta, el autor deberá sumar nombre y apellido, correo electrónico, teléfono, grado académico e institución a la que pertenece (esto último no es excluyente).

La inscripción es libre y gratuita y los datos requeridos se deben enviar a claudio.calabrese@ucalp.edu.ar o a martin.echavarria@ucalp.edu.ar

Con la esperanza de contar con su presencia, lo saludamos muy cordialmente.

Dr. Claudio Calabrese - Decano - Facultad de Humanidades

Dr. Martín Echeverría - Director- Departamento Superior de Filosofía






jueves, 10 de marzo de 2011

ÉTICAS FUNDADAS EN EL FIN Y ÉTICAS FUNDADAS EN EL DEBER

El fin del obrar es un bien, o algo que lo parece, que atrae a la persona y que da sentido a su vida. Los moralistas se han preguntado cuál puede (o debería) ser ese fin: algunos pusieron el placer, otros el poder, otros la virtud, otros el dinero, la sabiduría, la contemplación de Dios, etc. Y también existieron otros que relegaron esta cuestión como carente de importancia para la moral. En su lugar pusieron la obligación o el deber construyendo morales legalistas. “Esto se hace porque está mandado”, “cumplo con la ley aunque no esté de acuerdo”, “Dios es omnipotente y puede mandar cualquier cosa”, etc.

El comprensión de estas dos perspectivas, la del fin y la del deber, tiene gran importancia en la práctica de la vida moral individual y grupal, porque el que obra solamente por obligación es propenso en momentos de crisis a no reconocer ningún deber; al contrario, el que obra por un fin que da sentido a su vida, será más flexible en el obrar concreto, sabiendo que la adecuación al fin tiene muchos matices, y solamente será ‘inflexible’ con aquellas cosas o acciones absolutamente contradictorias con el fin. Por ejemplo, como decía Aristóteles, no hay ningún matiz para considerar respecto del homicidio, del adulterio, etc. En cambio, si alguien piensa que no se puede matar solamente porque Dios lo manda o la ley lo prohíbe, y si esa persona es convencida de que Dios pide matar, ... ¿por qué no lo haría si la prohibición de matar depende sólo de un mandato vivido como arbitrario? Y lo mismo sucede si en lugar de Dios ponemos el Estado, la Constitución, el consenso democrático, el partido, la causa, etc.

Un cuadro comparativo de estas dos perspectivas pueden verlo en:




Dos autores importantes para profundizar este tema:

S. PINCKAERS, Las fuentes de la moral cristiana; Pamplona, EUNSA, 1988.
J. PIEPER; Las virtudes fundamentales, Madrid, Rialp, 1980
Además de Discurso del Papa Benedicto XVI en Ratisbona:

viernes, 4 de febrero de 2011

GUILLERMO DE OCKHAM (s. XIV)

Notas para comprender mejor su papel en la Historia de la Ética.

I. Su doctrina se caracteriza en general por el nominalismo. Niega que tengamos conocimiento de lo universal. Es decir que cuando pensamos o decimos “hombre”, “alto”, “buen mozo”, “cristiano”, o “chica”, “linda”, “abogada” y “buena madre de familia”, no pensamos ni decimos nada real. En la realidad sólo existen individuos, con características individuales, que operan realizando una sucesión de actos también individuales.

Si recurrimos a conceptos y palabras generales o universales, es porque necesitamos clasificar de algún modo la realidad, agrupando características o individuos, que en sí son absolutamente distintos, bajo un nombre que nos permita manejarnos en la vida.

Además, si podemos afirmar ciertas cosas con pretensión de universalidad sobre el hombre y la moral, es por que Dios lo ha revelado. Esto es fideísmo.

La posición de Ockham enseñada y divulgada generó el empirismo y el racionalismo en filosofía; la división de razón y fe en teología. Fue la primera ética de la obligación.

II. El nominalismo no era nuevo en la filosofía medieval, pero con Ockham adquirió primacía en el mundo intelectual y tuvo secuelas en todos los niveles de la cultura. El motivo fundamental por el cual esta posición es sostenida por Ockham, está en su concepto de libertad, que aplica primero a Dios y después al hombre.

La libertad se define como: “el poder que tengo de producir indiferentemente y de modo contingente efectos diferentes” (Quodl. 1, q. 16)

La libertad es esencialmente el poder de elegir entre cosas contrarias, independientemente de toda otra causa distinta de la libertad o de la propia voluntad, como dice Pinckaers.
La voluntad se caracteriza por una indiferencia original ante cualquier bien, o ante el bien (dado que no es real) y por supuesto ante cualquier otro poder que no le sea superior, léase, que no sea más fuerte.

Libertad y voluntad se identifican y son la facultad esencial del hombre y el atributo fundamental de Dios.

La libertad es indeterminación total y el poder de autodeterminación de la voluntad es acotado a cada acto particular, manteniéndose inalterable la indeterminación cuando éste concluye y comienza otro acto.

La palabra “indiferencia” es muy ilustrativa: la libertad y la voluntad no tienen nada que ver con el bien.

III. Dios es Omnipotente, Todopoderoso, Libertad absoluta. De esto se sigue para Ockham, que Dios dicta una ley que luego puede cambiar. La vigencia de los Mandamientos, desde el primero al último, es absolutamente contingente. Dios puede ordenar el odio respecto de El, el homicidio del inocente, el robo del legítimo propietario, el adulterio, etc. Ninguno de estos actos es malo en sí mismo. Pero tampoco hay actos buenos en sí mismos: amar a Dios o al prójimo, dar limosna, hacer justicia, etc.

Los Mandamientos tienen vigencia, como dijimos, mientras Dios los ordene y sólo porque Él los ha revelado y mandado. No hay nada en la realidad, en la naturaleza de las cosas o del hombre que pida esa ley. No hay ley natural ni orden natural porque no hay naturaleza. (Ockham sigue hablando de ley natural, pero no entiende en absoluto lo mismo que nosotros. Es decir, no es la razón natural que conoce las inclinaciones naturales y manda obrar el bien en esa línea, sino la razón que conoce la revelación divina de los mandamientos).

Dios es libre no sólo de “inventar” y crear al hombre, sino de cambiar lo que es “bueno” para él. O mejor: no hay nada bueno o malo para el hombre, porque somos todos individuos diferentes y porque el mandamiento es sólo un deber, una obligación.

Para Santo Tomás, Dios es perfectamente libre, pero su libertad y su sabiduría se identifican: una vez que Dios decidió crear al hombre, tenía que hacerlo un ser racional. Una vez que decidió hacer seres vivientes, tenía que ser buena la vida. Una vez que decidió crear seres sexuados, tenía que ser buena la unión sexual para ellos (como en los animales y el hombre) Y como para Tomás, el hombre es fundamentalmente racional, todas las inclinaciones a bienes de la naturaleza están contenidas virtualmente en la inclinación racional, una vez que Dios decidió crear al hombre, tenía que ser buena la amistad matrimonial, la unidad social, el respeto a la vida inocente, la búsqueda de la verdad, etc.

IV. La libertad humana es un poder indiferente e indeterminado sólo limitado por un poder superior.

No hay ningún bien que atraiga a la voluntad humana, ninguna preferencia que la determine según la naturaleza del hombre. Ockham rechaza las inclinaciones naturales y la felicidad del ámbito espiritual, como bienes que naturalmente atraigan al hombre. En todo caso las inclinaciones estarán en un ámbito sensible o instintivo fuera del campo moral.

Para Ockham somos libres de rechazar la felicidad, de rechazar las inclinaciones naturales, porque nos resultan indiferentes.

El obrar del hombre es solamente la sucesión de actos aislados y cerrados, que nada tienen que ver uno con el otro, que carecen de orden. Esto es así porque el fin no unifica la vida ni los actos del hombre. Cada momento de la vida uno puede ser totalmente otro del que fue y del que será, y lo mismo los actos: hoy decido abortar a mi hijo, y mañana, sin ninguna influencia de la decisión anterior, decido tener 10 hijos. Alguien en un ataque de ira llega a matar con 100 puñaladas a la novia, pero eso no tiene nada que ver con los anteriores actos violentos que realizó. La vida es una sucesión de casos aislados.

Mantenemos siempre el mismo poder indeterminado de elegir cosas contrarias a lo largo de la vida, porque los hábitos en general, las virtudes y los vicios en particular, no afectan en nada a la libertad. Por el contrario, las virtudes para Tomás de Aquino son liberadoras del hombre, en la medida en que le permiten obrar con facilidad el bien, los vicios son esclavizantes porque nos dificultan obrar el bien. Es decir, influyen en la libertad.

Para Ockham ( lo mismo que para nuestro contemporáneo Sartre) el hombre tiene una libertad de 360º, pero está obligada por la libertad legisladora de Dios (al contrario de Sartre que niega al Creador).

La moral de Ockham es una moral de la obligación y la ley, porque es lo único que puede influir, si el hombre lo acepta, en la libertad. Pero siempre se mantendrá una tensión, un enfrentamiento entre la libertad y la ley, que se acepta porque Dios es más poderoso, o en el caso de la ley civil, porque el soberano es más poderoso, y no por el bien común.


V. Algunos textos:

“Toda voluntad puede conformarse al precepto divino: pero Dios puede prescribir que la voluntad creada le odie, pues la voluntad creada puede hacerlo … Además todo lo que puede ser un acto recto en esta vida puede serlo en la patria (Cielo): ahora bien, odiar a Dios puede ser un acto recto en esta vida si Dios lo manda, luego también puede serlo en la patria” (IV Sent. Q 14 dictum 5)


“La bondad y la malicia significan que un agente está obligado a tal acto o a su contrario.” (II Sent. Q 19 P)

“Así como una misma cosa puede ser hecha por uno de modo justo y por otro de modo injusto, así, la misma acción puede ser hecha mal por el hombre y bien y justamente por Dios; ...” (I Sent. 47 1 C)

Las palabras: hurto, adulterio, odio, etc, no designan estas acciones en sentido absoluto, sino que conotan o dan a entender que el que realiza este acto está obligado a lo opuesto por precepto divino.