Fragmento del comentario: por Luis María Serroels (especial para ANALISIS DIGITAL)
"...Si lo que se buscaba era sólo convalidar ideologías acotadas a sectores determinados y lograr avanzar por encima del derecho de opinión y la libertad de conciencia de otros actores sociales y culturales, entonces el pluralismo y la tolerancia habían perdido el micro hacia Paraná.
Imaginar que personas que militan en movimientos confesionales rechazarían la totalidad de los temas de la agenda, era ciertamente incorrecto. Estar de acuerdo con el programa elaborado para cada taller, significaba aceptar el convite a la discusión, pero de manera alguna suponía renunciar a aportes propios de opiniones y sugerencias diferentes. ¿O acaso no era ese el propósito global del encuentro? ¿No se había venido a buscar coincidencias en ese ámbito?
La agresión direccionada a todo aquello que supusiera identificación religiosa, en especial relacionada con el catolicismo, marcó prontamente que todos los ítems incluídos en el programa, enmascaraban un punto hiper sensible y propiciador de amplios debates: el mal llamado aborto legal, porque sigue siendo un homicidio y carece de existencia y reconocimiento jurídico, científico y moral. Se puede ser dueño del cuerpo propio pero no del cuerpo del bebé que se gesta dentro del vientre. Si el lema dominante se circunscribió a “Sí al Aborto”, “Soy dueña de mi cuerpo” o “Por la soberanía corporal”, entonces queda al descubierto cuál era el principal objetivo.
Leímos que una consigna llegó a ordenar “que no quede ninguna católica en las comisiones” (una acabada muestra de intolerancia) y otra que rezaba: “expulsar del congreso a mujeres que se oponen al aborto” (clara demostración de autoritarismo que reniega del pensamiento distinto). La escuela Domingo F. Sarmiento fue todo un caso testigo donde personas que sostenían sus legítimos criterios, fueron trompeadas y hasta mojadas con orina. Se perdió la oportunidad de valorizar todas las ponencias y se exhibió que la lucha por los derechos humanos que fogoneaba este encuentro (y que compartimos), fue sólo una fórmula marquetinera, porque se soslayó el derecho humano principal, que es el derecho a la vida del cual gozan los bebés en formación, que son personas desde el momento mismo de la concepción. Y a esto no lo dicen únicamente quienes profesan una religión, sino que está avalado por la ciencia y la legislación más avanzada. La Constitución Argentina acoge pactos internacionales que garantizan ese derecho a nacer. No creemos que la totalidad de las visitantes acuerden con negar este derecho ni utilicen una seudo autodeterminación corporal para matar a seres inocentes e indefensos.
Enfilar todas las flechas contra militantes católicos, no fue una muestra de fuerza sino de debilidad. La solidez argumentativa y el apego por las leyes, no necesitan de la fuerza. Relacionar el sentimiento anti aborto sólo con creyentes, es un grave error: existen ateos, agnósticos y deidistas que también se han manifestado en favor de la vida. Proclamar la convivencia en el juego del goce de los derechos humanos y utilizar la violencia como herramienta, es el gran contrasentido que evidenció este congreso. Y además, una palmaria demostración de falta de fe democrática. Los derechos de los propietarios de inmuebles particulares dañados y del propio Estado que tiene en su inventario un valioso patrimonio arquitectónico –que pertenece a toda la ciudadanía-, no parecieron formar parte de la nutrida agenda.
No es misterio alguno que las órdenes superiores dadas en la policía, hacían hincapié en no reprimir y mantenerse fuera de cualquier incidente que perturbe a las visitantes. El personal apostado era femenino porque se consideró que la presencia de los hombres podría resultar urticante. ¿Será por eso que el operativo de seguridad al final sólo sirvió para garantizarle a las agresoras la impunidad y no para preservar la integridad de los bienes agredidos? ¿No imaginó el gobierno en sus análisis previos, que debía protegerse a los vecinos paranaenses que aún siguen atónitos e inermes? ¿Falló la inteligencia?
¿Era necesario que algunas mujeres exhibiesen el torso desnudo como instrumento para avalar una idea y que se convirtiesen paseos públicos en volcaderos, como soporte de un tinglado argumental? Lo único que se obtuvo fue pasar sus proclamas iniciales a segundo plano. Un jefe policial se ufanó del éxito del operativo de seguridad y no ocultó su satisfacción por ello. Por supuesto que el ánimo de quienes fueron agredidos a mansalva por la pintura no coincidió con estas expresiones. Y de paso, que se sepa que las policías que invirtieron extenuantes horas en sus apostaderos, debieron recibir piedras, pintura y huevazos con resignación, porque las órdenes eran muy precisas.
Quienes dijeron escandalizarse por el pedido de vallado en los templos, deberían avergonzarse por las causas que motivaron esta medida. Los acontecimientos ocurridos no sólo dieron la razón a las autoridades del clero, sino que resultaron poco eficaces las medidas para detener los desbordes.
Como una saludable respuesta cargada de compromiso, en la última sesión de la cámara baja los senadores Héctor Strassera (PJ-Concordia) y Eduardo Melchiori (PJ-Islas), trazaron un cuadro descarnado de la problemática del aborto al que rechazaron duramente, contando con la adhesión de sus pares, particularmente Juan Aurelio Suárez (PJ-Nogoyá) y Rubén Ruíz (UCR-Federal), quienes hicieron sus exposiciones. No puede originar sorpresa esta postura, porque la Constitución entrerriana consagra el derecho a la vida desde la concepción.
Si todo lo acaecido sirviera para no repetirlo, sería muy bueno. Si se dejaran de lado las provocaciones, urdidas como herramienta ya superada por los tiempos de la tolerancia, otro sería el clima que rodearía la confrontación de ideas. Si treinta mil mujeres estuvieron en Paraná, fue gracias a que sus madres decidieron no abortar. Mil, diez mil, cien mil ni un millón de personas, podrán jamás torcer el imperio de las leyes que protegen la vida. Al menos así lo demanda la civilización del amor. Como suele suceder, el silencio del gobierno resultó estruendoso."
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